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Comunicación, conflicto y educación
Mirar a las personas nos compromete con ellas. - Richard Sennet

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Redacción

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hace 85 dias


360 seg

En esta breve reflexión pretendo establecer un vínculo entre la comunicación y el conflicto para finalmente abordar algunas nociones sobre una educación basada en la comprensión humana.

 

Empecemos con dos ideas. Un filósofo, Habermas: el entendimiento como la función primaria del lenguaje; un sociólogo, Lederach: el entendimiento como el principio para resolver o transformar los conflictos.

 

De esto se siguen varias preguntas, me detengo en una: ¿Qué es lo que se tiene que entender por conflicto? En principio, qué es. Como en todo concepto, abundan las definiciones y los enfoques. Hace algunos día leí una del profesor J. Folger, catedrático en Filadelfia: “el conflicto es la interacción de personas interdependientes que perciben objetivos incompatibles e interferencias mutuas en la consecución de esos objetivos.” Me interesa este enfoque por la interdependencia entre las personas, la insalvable subjetividad en esta relación (intersubjetividades) y las interferencias, específicamente, en la acción de comunicarnos.

 

Los conflictos son inherentes a la naturaleza humana. Estos suceden en dos tipos de sistemas: uno frustrante, cuando hay asimetrías o desequilibrios de poder, y otro efectivo: posibilita la satisfacción de necesidades porque hay igualdad.  El efectivo reconoce y se hace responsable de los intereses y necesidades legítimas de las partes; el frustrante impone el poder de una parte ante intereses y necesidades legítimas de otra. Ambos sistemas suceden tanto en las relaciones interpersonales: la familia, el mundo del trabajo, las amistades y el siempre otro desconocido, como en las relaciones estructurales: el Estado, el gobierno y las diferentes gobernanzas en relación con diversos grupos sociales.

 

Ahora me enfocaré en las relaciones interpersonales. Regreso a Habermas y su concepto de “acción comunicativa”. La noción que me interesa de este concepto es cómo a través del lenguaje se establece la posibilidad de una “ética del discurso” que pretende “esclarecer las condiciones de comprensión intersubjetiva y desarrolla un tipo de “normativa discursiva” que permita que las partes enfrentadas logren descentrar sus propias perspectivas ego o entnocéntricas hasta poder incluirse mutuamente unos a otros en las construcción conjunta de un mundo ampliado de relaciones interpersonales legítimas” Según Habermas, los actos del habla, por medio de los cuales interactuamos, tienen la fuerza para la integración social: las personas se coordinan por el acuerdo.

 

Para que el habla logre esa integración necesita un tipo de comunicación específica: el diálogo. Sólo como participantes en un diálogo inclusivo y orientado hacia el consenso podemos ejercer la empatía hacia las diferencias ante una situación común.

 

Al hablar de los vínculos sociales, Richard Sennett coloca la “habilidad dialógica” como la más importante. Esta incluye saber escuchar, comportarse con tacto, encontrar puntos de acuerdo y gestionar la desavenencia o evitar la frustación en una discusión dificil.

 

Los conflictos interpersonales suelen estar cargados de emociones fuertes, falsas percepciones o estereotipos, escasa o falsa comunicación y una conducta negativa repetitiva, y, como esto es el pan de cada día, la capacidad dialógica se convierte es una de las habilidades más importantes para la vida.

 

Recientemente leí al psicólogo Marshall Rosenberg, Comunicación no violenta, un lenguaje de vida (un libro extraño: está a caballo entre la sociología de lo cotidiano y la psicología de la autorrealización). Esta mezcla me resultó interesante. Para mí lo más signifitivo del libro son tres cosas: primero, suscita la reflexión sobre lo que pensamos y sentimos en relación con cómo lo comunicamos. Segundo, es una visión del proceso de comunicación más holístico que resalta que ante la condición intersubjetiva debemos ser más honestos y empáticos. Y, tercero, que delinea un método para el desarrollo de habilidades de comunicación enfocadas a la no violencia.

 

Me detengo un poco más con Rosenberg. Su propuesta de la Comunicación no violenta (CNV) se sostiene en la honestidad y la comprensión: en la expresión clara y respetuosa y la recepción empática. Tiene cuatro componentes: la observación actos concretos que observamos que están afectando nuestro bienestar; el sentimiento cómo nos sentimos en relación con lo que observamos; las necesidades desde aquellas básicas de supervivencia hasta otras sociales como el reconocimiento, la pertenencia, la identidad, el rol y el estatus y, finalmente la petición: las expresiones concretas que utilizamos al pedir algo.

 

Están las interferencias que mencioné al principio, que son más evidentes ante los sistemas frustrantes. Considero que donde las asimetrias de poder son muy ondas, la CNV tiene reducidas posibilidades de ser efectiva. Los sistemas efectivos también están llenos de interferencia, principalmente  cuando atraviesan ese camino sinuoso: el tránsito de la observación a la emoción y de la emoción a la petición. Es común que la petición preceda a la observación y que la emoción no pase por el filtro de la observación. Para Rosenberg, las peticiones en un lenguaje claro, positivo, concreto, revelan lo que verdaderamente sentimos y queremos. Cuando sólo expresamos nuestros sentimientos al interlocutor, sin claridad cognitiva, puede no resultar claro lo que esperamos o necesitamos. El punto de vista emocional es “terriblemente ilegible”, dice Sennett.

 

Pero ¿cómo se relaciona la comunicación y el conflicto con la educación?

 

Quizá el mayor vicio de la educación suele concebirse sólo como un medio para la instrucción del conocimiento. Hay una escisión entre el desarrollo de capacidades cognitivas y el de habilidades afectivas. La inteligencia no puede separarse del desarrollo de la afectividad. El sentido de la educación debe apuntar al pensamiento crítico y en este proceso constructivista, hacernos mejores personas.

 

E. Morin, en Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, indica que hay dos tipos de comprensión: intelectual u objetiva y humana intersubjetiva. La comunicación, por sí misma, no conlleva la comprensión. Educar para la comprensión humana, dice Morin: “ahí se encuentra justamente la misión espiritual de la educación: enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad.”

 

Entonces ¿Cuál es el tipo de comunicación que nos puede llevar a un entendimiento más humano? Considero que aquella que se aprende mediante  el desarrollo de habilidades dialógicas para abordar, de manera más efectiva, los conflictos interpersonales.

 

La educación debería hacernos más sensibles ante la diferencia y más compometidos con la cooperación y la solidaridad: integrar y unir. No sólo nos debe permitir mirar la pluralidad de visiones del mundo y de formas de vivir en él, nos debe dar habilidades afectivas para el desarrollo de la tolerancia y la empatía ante estas visiones y formas de ser.

 

La necesidad de esta pedagogía es y será cada vez mayor si pretendemos construir relaciones en las que el conflicto no sea sinónimo de violencia.

 

Lecturas recomendadas:

Habermas, Jürgen (2003) La ética del discurso y la cuestión de la verdad Paidós, Barcelona.

Lederach, Paul (2003) The Little Book of Conflict Transformation Good Books, NY.

Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro México DF, México: Dower.

Rosenberg, Marshall (2006) Comunicación Noviolenta - Un Lenguaje de Vida  Gran Aldea Editores, Buenos Aires Argentina.

 Sennett, Richard (2012) Juntos: Rituales, placeres y política de cooperación Anagrama, Barcelona.

 

José Carlos Espinoza Lanz:

Licenciado en Humanidades con especialidad en filosofía y Maestro en Educación,

realizando su trabajo de titulación en temas de Educación para la paz. Es tallerista

en distintas asociaciones especializado en temas asociados a la Cultura de paz y

los Derechos Humanos. Paralelamente es músico y participa en diversas

agrupaciones. Ha viajado a Marruecos, Serbia y España dando conciertos.

Actualmente se encuentra trabajando en proyectos en los que a través de la música se difunden los DDHH y la transformación de conflictos.

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